Los campamentos de refugiados

LA ORGANIZACIÓN DE LOS CAMPAMENTOS

 

La población de los campos de refugiados de Tinduf gira alrededor de las 160.000 personas. La población de los campamentos se organiza en cinco wilayas o provincia distantes entre sí de 20 a 60 kilómetros y situadas al sur y sureste de Tinduf en una extensión de terreno puesta bajo administración de la RASD. Estas wilayas son:

EL AAIUN / SMARA / DAJLA / AUSSERD / 27 DE FEBRERO

Cada wilaya se divide en seis o siete dairas o municipios, las dairas se dividen en cuatro “hay” o barrios donde existen hileras de tiendas numeradas; cada “hay” tiene una cisterna de agua, un dispensario y una guardería.

WILAYAS

Aaiun

Smara

Ausserd

Dajla

DAIRAS

DcheraAmgalaGüelta

Bucraa

Hagunia

Daora

FarsiaChderiaHausa

Bir Lehlu

Mahbes

Tifariti

Meheiris

ZugAgüenittichla

Güera

Bir Ganduz

Miyek

Bir NzaramAin-el-BaidaGlailat-el-Fula

Bojador

Um Draiga

Aargub

Yerafia

Además existe un responsable de cada barrio y de cada grupo de tiendas. La organización de los saharauis se asentó en las tradicionales asambleas y se optó por crear cinco comités encargados de: la sanidad, la alimentación, el trabajo, la orientación y la educación y los asuntos sociales.

La falta de medios informativos (no hay diarios ni TV, aunque sí hay radio) hace necesaria que dentro de cada campamento se crea una cédula para orientar e informar a la gente sobre lo que pasa. El comité de orientación informa a la gente, por ejemplo sobre qué es el Plan de Paz, las repatriaciones, qué se ha de hacer o la nueva etapa que se afronta; se trata de mantener a la gente con las ideas bien claras sobre lo que está pasando.

El funcionamiento de las dairas en todos los aspectos ya está perfilado. Las líneas a seguir se elaboran durante las reuniones que se tienen en el Consejo Popular de daira y se lleva al Consejo Popular a nivel de wilaya y cada daira aprueba su programa (no es la wilaya la que aprueba el programa de las dairas), y son las dairas las que ejecutan su programa. La cuestión principal en este sentido es que la realidad existente en los campos de refugiados es una, la supervivencia, y no hay más realidades. La gente está en las escuelas, la sanidad es un punto preocupante y los alimentos son distribuidos por la Media Luna Roja. La wilaya realiza la coordinación entre las dairas y las instancias centrales.

Las tiendas utilizadas en los campamentos no son las jaimas de tipo tradicional confeccionadas con pelo de camello o cabra, puesto que hubiera sido imposible disponer en el éxodo de tal cantidad de ganado o transportar jaimas, sino que se trata de tiendas de lona proporcionadas por organismos internacionales y que presentan peores condiciones de aclimatación para el calor y el frío; junto a cada tienda se instala una construcción de adobes para la cocina y diversos usos y el combustible, tanto como la iluminación, son proporcionados por bombonas de gas argelino ya que sería imposible encontrar suficiente leña en tal zona desértica.

Algunos edificios de dirección y recepción disponen de grupos electrógenos y de una iluminación eléctrica con horario limitado.

Los campamentos saharauis están habitados en una gran mayoría por mujeres, ancianos y niños y los hombres se encuentran o bien encuadrados en unidades combatientes o en universidades o representaciones en el extranjero; sólo durante quince días cada dos o tres meses, si es combatiente o cada seis si está en el extranjero, pueden los esposos, hijos o padres retornar con su familia. El núcleo familiar está en muchos casos disperso y sujeto a las necesidades de la guerra.

La dirección de los campamentos queda así en su mayoría en manos de mujeres, como miembros y presidentes de los comités populares de las dairas (cinco mujeres presiden los comités de la daira de Bir Lehlú) que son los encargados de regular todas las actividades de la comunidad. La mujer por lo tanto ha adquirido un papel preponderante en los campamentos de la R.A.S.D., papel que tiene sus raíces en la antigua distribución de actividades de la sociedad nómada en la que el hombre se ocupaba de la guerra y del ganado mientras que la mujer tenía a su cargo la responsabilidad del “frig”, el grupo de jaimas.

 

VIDA SOCIAL

 

  • Colectividad

Las Tuisas, hoy campañas populares, son trabajos comunitarios que realizan grupos de refugiados, herencia de una vida nómada en la que la comunidad aseguraba la vida y la individualidad de la muerte. Aquí todo se desarrolla en un esfuerzo común.

Un ejemplo de los trabajos es la construcción de ladrillos, en la que las mujeres excavan la tierra, abren trincheras, transportan el agua que sujetará la arcilla, darán forma a los ladrillos, que más tarde se cocerán al sol durante algún tiempo. Otros ejemplos de estos trabajos colectivos son los trabajos en los huertos, el transporte del agua, el cuidado del ganado, la distribución de la comida,…

  • El nacimiento

Muchas saharauis tienen sus hijos en su casa, ayudadas por comadronas. Esto es debido a la escasez de medios de transporte hasta el hospital materno-infantil o hasta el hospital de la Wilaya, donde habitualmente se atienden los partos que presentan dificultades.

A los siete días del nacimiento se organiza una gran fiesta de celebración en la que se procede a la elección del nombre, de entre los de los abuelos, tíos abuelos y resto de predecesores. Las abuelas materializan cada nombre con un canto rodado, y la madre con los ojos cerrados elige.

Además de los ritos del nombre existe la ceremonia de la ofrenda al sol. Esta ceremonia se lleva a cabo aunque el niño haya muerto antes de los siete días.

  • El matrimonio

La práctica ancestral del matrimonio ha cambiado. Las uniones concertadas por familiares han sido substituidas por uniones deseadas por las parejas. El matrimonio es uno de los grandes acontecimientos sociales en la vida de la comunidad, y aunque la guerra también le ha afectado, la fiesta dura todavía tres o cuatro días (a pesar de la limitación de medios).

Los Comités de aprovisionamiento, cultura, artesanía, asuntos sociales y justicia, son los que se encargan de la organización de los preparativos así como de la Dote.

La ceremonia se inicia con la asistencia a la tienda de dos mujeres del comité de justicia, el novio, la novia y el Kadi. Después de la lectura del Corán, se pide el consentimiento de los novios. Es imprescindible la presencia de la novia para que éste sea válido.

Una vez los gritos de alegría ezkharit, grito muy similar al “Irritzi” vasco, se extienden por los alrededores, la novia fue a su tienda y se pone un vestido blanco y negro de novia, con  henna en sus manos y con joyas heredadas.

Por la noche, vecinos y parientes acompañan al novio a la tienda de la ceremonia, donde se toma té, se habla, se quema incienso, se canta y se baila. Más tarde se retiran los invitados y se queda la familia más íntima, que finalmente dejarán solos a los novios. Al día siguiente todos se dedican a esconder a la novia para que el novio la busque, es un juego tradicional. La celebración acaba con una fiesta de la novia y de sus amigos y con la preparación de la tienda de los novios.

En los casos en que uno de los miembros del matrimonio se sintiese abandonado o insatisfecho por su matrimonio se puede pedir el divorcio. La poligamia está permitida, pero es una característica poco común entre los saharauis.

  • La hospitalidad

Esta tradicional virtud árabe está presente en numerosas costumbres saharauis. La mujer ha de cocinar siempre raciones de más, por si se presenta un vecino, un familiar o un amigo. El té y su ritual es la ceremonia con la que se recibe a un visitante o pariente y, a pesar de su carácter nómada, los utensilios del té nunca se abandonan, constituyen incluso la parte más apreciada del ajuar saharaui.
La preparación del té constituye un ritual muy característico y es imprescindible respetarlo. Se hacen tres rondas, la primera es de gusto amargo como la vida, la segunda es dulce como el amor, y la tercera suave como la muerte. El rito tiene su lenguaje particular. Por ejemplo, cuando una persona te ofrece el té con un discreto giro de la mano significa que le atraes.

Es obligatoria la visita diaria a los vecinos más próximos y familiares cercanos, si éstos están enfermos o necesitan ayuda.

 

EL SISTEMA EDUCATIVO

 

Los escasos resultados de la política educativa de la época colonial se transformaron en los primeros años de la República Saharaui en una dedicación generalizada a la enseñanza y a la educación, pasando en diez años a la escolarización total de la población de 3 a 16 años. Si sobre la población censada en 1974 con más de cinco años se daba un total de analfabetismo del 70% y en las mujeres del 84%, hoy en día el analfabetismo prácticamente ha desparecido en la R.A.S.D. Ello ha sido debido tanto a la escolarización como a las campañas de alfabetización de adultos que se han llevado a cabo por grupos de alumnos y profesores en las épocas de vacaciones.

A partir de 1978 se puso en marcha el programa obligatorio de enseñanza así como la formación de cuadros y la construcción de centros. Las líneas generales del plan de enseñanza se elaboran en los Congresos Generales y los comités de educación de las dairas así como el Consejo Popular de wilaya coordinan la actuación de los centros escolares.

A partir de 1984 se abrieron en cada daira los jardines de infancia para niños de tres a seis años, donde reciben una educación preescolar, y de esta forma las madres quedaban libres para acudir a otros trabajos.

Un equivalente de la educación general básica comprende seis cursos desde los siete a los trece años, y hasta 4º grado se imparte en las escuelas de las dairas, donde el profesorado es femenino en un 97%. A partir de los diez años los niños se encuentran en un régimen de internado en las escuelas secundarias. La formación de este tipo comprende desde los trece a los dieciséis años y abarca tanto una preparación académica como una profesional para las necesidades generales como son la mecánica, soldadura, electricidad, agricultura, carpintería, sanidad, administración, confección…Las mejores calificaciones académicas suponen el acceso a la enseñanza universitaria y desde la formación profesional, la especialización como técnicos de grado medio. La escuela “12 de octubre” y la “9 de junio” tienen capacidad para más de 2.000 alumnos con una plantilla de 60 profesores, contando con talleres de prácticas y huertas experimentales.

La enseñanza es mixta para todos los actos, excepto en los dormitorios; en la escuela “9 de junio” se ha organizado un centro especializado con equipos de recuperación para 126 minusválidos. Un caso característico es el de la escuela “27 de febrero” destinada a la promoción de la mujer de toda edad con objeto de preparar maestras, auxiliares de clínica, enfermeras, expertas en administración, puericultura o artesanía y que funciona desde 1978.

En cuanto a la enseñanza universitaria se imparte en el extranjero, principalmente Argelia, Cuba o Libia, en base a los convenios culturales suscritos por la R.A.S.D. y a las becas concedidas, siguiendo también una política de estudios para las necesidades prioritarias. La enseñanza de idiomas ha sido considerada como muy importante y el español es la segunda lengua a partir de la enseñanza básica; en general todos los saharauis con cierta formación dominan dos idiomas y en ocasiones incluso tres. Las diferencias de la enseñanza radican en la falta de medios: masificación de algunos niveles por no poder absorber una creciente población juvenil e infantil y falta de material escolar, sobre todo de bibliotecas especializadas y medios audiovisuales.

 

EL SISTEMA SANITARIO

 

Uno de los primeros campos a los que dedicó su interés la República Saharaui fue el de la sanidad, puesto que las condiciones de instalación de los campamentos fueron muy precarias y dieron lugar a una alta mortalidad en los primeros tiempos.

La sanidad está enfocada en tres direcciones básicas: preventiva, asistencial y formativa.  En la medicina preventiva los médicos y enfermeras en coordinación con los comités de las dairas organizan cursos de formación mediante conferencias de divulgación sanitaria y de higiene con objeto de eliminar los restos de la medicina tradicional que, si bien utilizaba amuletos y escapularios, también empleaba otras prácticas perjudiciales. Las campañas de prevención abarcan las vacunaciones recomendadas por la Oficina Mundial de la Salud consiguiendo eliminar las epidemias de sarampión y tosferina entre otros. La prevención comprende una síntesis de educación sexual y una política natalista en la que el índice de fertilidad está en seis u ocho hijos por mujer. La preparación para el parto supone una revisión médica cada mes en el dispensario de la daira o en el hospital de la wilaya y se realiza en el propio dispensario, acudiendo a los hospitales cuando presenta complicaciones; las cesáreas han de realizarse en el Hospital General y las incubadoras existen en varios hospitales.

La medicina asistencial comienza en los dispensarios o ambulatorios de las dairas donde se resuelven los casos sencillos y la puericultura y se deciden los traslados de otros casos a los hospitales de wilaya. Cada provincia cuenta con uno de ellos estructurado en departamentos de medicina general, ginecología y pediatría, además de laboratorio, rayos X, estomatología y sala  de consultas para externos. En cada hospital de wilaya hay un médico al frente de un equipo de otros varios así como enfermeras. El Hospital General está situado a una distancia media de cada wilaya, unos 20 km., en él se pueden realizar todo tipo de intervenciones quirúrgicas si no presentan complicaciones superiores, en cuyo caso se envía a los pacientes a los hospitales de Argelia o a los europeos. El hospital materno-infantil está dirigido por una doctora y cuenta con 35 camas. También como medicina asistencial existen los centros de recuperación para madre posparto, ancianos y convalecientes, donde este colectivo recibe tratamiento adecuado y una alimentación controlada. Las unidades combatientes tienen sus propios hospitales de sangre en las inmediaciones de sus zonas de acción.

Estableciendo una sanidad no sofisticada pero sí suficiente, en edificios elementales de mampostería y adobes, pero provistos de modernos aparatos, la salud del pueblo saharaui, donde son desconocidas las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, el sida y los accidentes de carretera, no parece correr grandes riesgos. Los catarros, el asma, las alergias, la conjuntivitis, la bronquitis de invierno, los procesos diarreicos de verano, representan las amenazas más importantes para la población que alcanza en general altas esperanzas de vida. Si por una parte la titulación de médicos ha tenido lugar en el extranjero, Argelia, Libia, Cuba y otros países, en el aspecto formativo las promociones de técnicos sanitarios y enfermeras han empezado ya a brotar con abundancia de los propios centros de la R.A.S.D.

 

LA ECONOMÍA (Una economía de subsistencia en guerra)

 

La invasión transformó todos los sistemas económicos del pueblo saharaui.

La necesidad obligó a la formación de un sistema económico de subsistencia en el que el Frente Polisario organizó la distribución de recursos de una manera equitativa y muy próxima a un comunismo primitivo. Desapareció el salario y prácticamente los intercambios mediante el pago en dinero; la moneda llegó a ser desconocida.

Sin embargo, las formulaciones teóricas de la República Saharaui sobre la economía parecían tender más bien hacia un sistema mixto en el futuro cuando se recuperaran los territorios ocupados. Así, la Constitución señalaba que la propiedad nacional pertenecía al pueblo, quedando garantizada la propiedad privada mientras no comportara explotación, no pudiendo ser confiscada más que con arreglo a la ley; el pago de impuestos era un deber ciudadano y el Estado definiría la moneda. El programa de Acción Nacional General concedía relevancia al desarrollo agrícola y a los recursos animales, lo cual parecía indicar que se conservarían los recursos tradicionales de la economía sahariana, ganado y agricultura, lo que suponía un mantenimiento de la propiedad y la iniciativa privadas como apoyo a otras estructuras económicas estatales.

Pero en los campamentos de refugiados se estableció una propiedad comunal de los medios de producción, tanto para la mayor parte del ganado recuperado como para las granjas avícolas, de donación internacional, y las huertas que se pusieron en cultivo. Asimismo la artesanía, alfombras, vestidos, calzado, objetos de adorno, eran también producciones comunales.

La economía de la República Saharaui no perdía de vista las grandes posibilidades del territorio en el futuro para una población escasa, que no superaría el medio millón de habitantes; por lo que la industrialización estaba muy avanzada en las explotaciones del fosfato de Bulrá y existían otras posibilidades mineras en hierro, minerales radioactivos y petróleo en las zonas próximas a Aaiún y la frontera. Igualmente la pesca ofrecía enormes perspectivas, tanto para el propio aprovechamiento como por los derechos de pesca que la C.E.E. estaba pagando a Marruecos. Las relaciones comerciales con Canarias, que constituían un punto obligado de referencia para la economía sahariana por su antigüedad y mutua aceptación y atracción podrían volver a relanzar unos importantes intercambios en el futuro, con proyección en los países vecinos. El porvenir económico de la República Saharaui estaba asegurado, una vez terminada la guerra y recuperado el territorio, aunque existieran los problemas de adaptación de una economía comunitaria de subsistencia a otra mixta.

  • Los abastecimientos, la agricultura, la ganadería

La República Saharaui no es autosuficiente para su alimentación, este hecho evidente condiciona todos los demás y hace depender a la población de las ayudas internacionales. Los organismos de este tipo, tanto de carácter estatal como de Naciones Unidas o de la Cruz Roja, están en contacto con el Creciente Rojo saharaui para el suministro de víveres, ropas , calzado, combustible…,así como material sanitario, de enseñanza o de campamento. El Creciente Rojo proporciona a cada wilaya mensualmente sus abastecimientos en función de una cuota por persona que los comités populares se encargan de distribuir, de ahí procede la importancia de los mismos. La alimentación ha experimentado algunas variaciones al introducirse el consumo de legumbres y cereales.

Pero la necesidad, tanto de obtener agua de consumo como de proporcionar una ocupación rentable, llevó a la perforación de diversos pozos hasta alcanzar la capa freática a variables profundidades. De ahí se pasó luego al establecimiento de pequeñas o medianas huertas experimentales, de las que existe una en cada daira y también en algunos centros de enseñanza; al frente de las explotaciones se encuentran ingenieros agrónomos y la mano de obra es en general femenina, empleándose unas 30 mujeres por cada explotación; algunas huertas alcanzan hasta 12 hectáreas. Los cultivos lucharon contra diversas dificultades; la salinidad de algunos terrenos se combate con abono orgánico y parcelas a distintos niveles, que se riegan por inundación consiguiendo cultivos como las tomateras, contra el fuerte viento, se han utilizado  muros vegetales de cañas o arbustos así como protectores artificiales de red o plástico. Así se ha conseguido una producción importante de tomates, cebollas, remolachas, zanahorias, nabos, coles y habas, tras experimentar con multitud de semillas cuáles podrían ser las más idóneas para unas condiciones desventajosas. Sin embargo, la producción agrícola es todavía insuficiente para el total de la población y se encamina con preferencia hacia los hospitales, las escuelas y los centros de recuperación.

En cuanto al ganado; hoy día existen pocos rebaños de ganado camellar y sólo cierto número de cabras en las proximidades de las dairas. Las aportaciones internacionales han permitido la instalación de una granja avícola automatizada con capacidad para 25.000 gallinas ponedoras con una nave de cría para 30.000 pollitos, procedente del A.C.N.U.R, el Alto Comisariado de Naciones Unidas, que surte de huevos y carne a algunos centros especiales.

  • El trabajo y la artesanía; los asuntos sociales

El comité de organización del trabajo adquiere una gran importancia porque es el encargado de planificar la distribución del mismo entre los otros sectores de acuerdo con los planes programados, así como de coordinar la asignación de personal, especializado o no, en las distintas actividades, de forma que toda la población de la daira tenga una responsabilidad y una ocupación. El trabajo comprende también los talleres artesanales; los talleres de producción de alfombras corresponde a cada wilaya y a la escuela “27 de febrero” y cada uno comprende unos 15 telares empleando cerca de cien mujeres que producen bellas alfombras de lana de brillantes colores. Otros talleres confeccionan vestuario típico o calzado así como una variada producción de objetos tradicionales de adorno en cobre, latón, madera o cuero, muchas veces elaborados con material de guerra capturado, actividad en la que desde antaño destacó un sector de la sociedad saharaui y que contribuye ahora a una acción propagandística colocando el esfuerzo bélico en primer plano.

Los asuntos sociales son tratados por los comités de justicia dirigidos por un cadi o juez y sus adjuntos. Los problemas a resolver, dada la especial estructura económica de la R.A.S.D, no tienen como principio básico la protección de los intereses privados, puesto que son mínimos, añadiendo además que el robo y la delincuencia eran de escasa identidad en época colonial. A estos comités se dirigen las cuestiones matrimoniales y personales que pueden surgir por desavenencias u ofensas, ya que la regulación del resto de las actividades corresponde a los otros comités. Pero los de justicia realizan una importante labor censal pues ante ellos se formalizan los matrimonios, divorcios, nacimientos, adopciones y defunciones, siendo por tanto la fuente demográfica imprescindible para un estudio de la población del la R.A.S.D

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